viernes, 20 de enero de 2012

2011

Puta madre que fue un año raro el 2011.
Pero realmente raro. Hasta creo que es el año más raro que he tenido en mucho tiempo.

Comencemos por cómo lo recibí:
Con la familia unida, todos juntos, un poco depresivo de mi parte, pero pude pasarla por esas tres personas que, más allá de los disgustos y peleas pelotudas, están y no porque haya cierta obligación moral por ser familia. Si no que es otra cosa, muy personal y distinto al resto.

A los pocos días estaría tomando un tipo de decisión que sería el tipo de decisión con la que puedo definir este año: Impulsivamente, sin importarme mucho las consecuencias, me fui a Uruguay. En su momento lo conté, pero realmente me importa muchísimo destacar lo importante que fue para mi: 8-9 años antes estaba tirado en una habitación de un hospital, deseando morir pronto, deseando de que todo termine rápido, deseando que el dolor se acabe, que la tristeza se vaya, y que todo sea más fácil para todos.

Casi 10 años después, me estaba yendo a otro país solo. Estaba en el buquebus, en la cubierta del barco, mirando las estrellas, escuchando música y pensando que, la puta madre que lo parió, todo... todo valió la pena. Ese viaje me marcó de una manera increíble. Pero realmente me llegó bastante profundo. Yo ya había hecho anteriormente cosas parecidas (un viaje a Neuquén por alguien a quien amaba me viene a la mente) pero este caso particular, con todo lo difícil que fueron los anteriores 3 años, fue especial. Y la gente que volví a ver, y que conocí allá, los voy a llevar siempre en algún lugar mío. Gente muy copada. Pero de corazón lo digo.

Menos de 15 días después me fui con dos de mis mejores amigos a Mar de Ajó. Si bien la convivencia tuvo momentos ásperos (pasamos de vernos cada 2 o 3 meses a pasar 15 días seguidos), la experiencia me sirvió mentalmente para poder afrontar todo lo que quedaba del año (sin mencionar la tranquilidad que es aprender a manejarse solo, en especial cuando uno está bajo un tratamiento de salud, y el aprender a lidiar con piedras que aparecen de la nada te cambia la cabeza por completo), también ahí tomé una de esas decisiones rápidas y sin pensar mucho en consecuencias: Me fui a caminar por la playa un sábado a la madrugada. Con la música como mi único acompañante, yo, vestido con un pantalón corto (y con todo lo que realmente significó para mí mentalmente usar uno durante prácticamente toda mi estadía allá) y mi mochila me fui a caminar. Y caminé. Caminé hasta que me cansé, y me senté a ver el amanecer.

Nadie está vivo hasta que ve el amanecer en la playa.

Durante mi estadia allá, comencé a pensar en muchísimas cosas, y cuando volví, las cosas se dieron para que la parte amorosa se estabilizara. No quiero entrar en detalles porque todo quedará entre ella y yo, pero carajo que fue hermoso. Pero realmente hermoso. Vacaciones, sentimientos, alegrias, tristezas, fotos, abrazos, momentos. Todo es nuestro.

Por otro lado, desde lo laboral, más responsabilidades, considerablemente mejor paga, más respeto, y mejor cargo. No me quejo, más allá de ciertos momentos en los que he estado cerca de una crisis mental seria. Pero eso también tiene que ver en cómo me lo tomo, y en cómo me lo voy a tomar en los proximos meses.

Sin embargo, hubo una alegría muy importante gracias al laburo y es que pude pagar una entrada para ir a ver Argentina-Venezuela en basquet en el Luna Park. Cuando vi a lo que queda de la Generación Dorada salir a la cancha, no podía aplaudir de las lágrimas que me caían automáticamente. Era una promesa que tenía hace tantos tantos años, desde el 2002, y poder verlo a Manu jugar enfrente mío... fue mágico. Me emociono mucho cuando lo recuerdo.

Y cómo olvidarme del torneo Preolímpico. La pasión que sentí en ese torneo, el orgullo, la alegría, y finalmente una tristeza porque esto serían ya los últimos cartuchos de esta Generación que nos ha otorgado tanto, pero lamentablemente no tiene recambio. Manu, Scola, Delfino, Nocioni, Prigioni, el Yacaré... Puta madre que los vamos a extrañar. No solamente los argentinos, sino que el deporte mundial va a extrañar su desempeño, su integridad. Ejemplos vayan donde vayan, profesionales hasta el último minuto, y por sobre todas las cosas, guerreros. Huevos completamente bien puestos.

También agradezco que pude ir a ver bastantes bandas este año:
Jamiroquai, Red Hot Chili Peppers y Chris Cornell.
El año que viene (tengo mis entradas ya) sale Roger Waters y Foo Fighters. Y sumado con Smashing Pumpkins el 2010, tengo que decir que vengo disfrutando mucho de los recitales. Pocas bandas me interesan ver en vivo ahora, ya que me quedan pocas por ver, y muchas no volveran hasta dentro de unos años.

Hay algunas cosas más que me quedan en el tintero, por ejemplo el cambio de actitudes que he tenido hasta el último día del año, y las sorpresas que conllevó. O el mirar a los lados, y encontrar esa gente. Hablar, pensar, y sentir que del otro lado hay alguien que piensa igual que vos, que siente lo mismo, que vive como vos.

¿Cómo recibo el 2012, el supuesto último año de la Humanidad?.

Con alegría, porque tengo que admitir que realmente será muy difícil superar al 2011 en muchísimos aspectos.
Año positivo. Año que valió la pena, más allá de las amarguras.

Por un 2012 que valga la pena vivir, carajo.

Muchas felicidades a todos.

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